viernes, 21 de octubre de 2011

¿Para que vamos a la escuela?

La historia nos enseña que a la escuela vamos a aprender, vamos para ser "alguien" decían nuestras abuelas, para ser "algo" en la vida.
Entonces ¿no somos nadie? desde que nacimos ¿no somos algo?. Bueno, somos algo desde que las células reproductivas de nuestros padres se unen en el maravilloso fenómeno de la fecundación, pasamos de ser "huevo o cigoto" a ser "embrión", luego "feto", y mas tarde "bebe".
























Comenzamos a ser "alguien" cuando nuestros padres nos dan una identidad, un nombre, y cada vez lo hacen mas pronto, simplemente apenas ven nuestro sexo en la ecografía, ya somos alguien con nombre y todo, tenemos una vida por delante.

Entonces vuelve la obligada pregunta,¿tenemos que salir de la escuela para ser alguien?, ¿tenemos que entrar en la escuela para ser algo? bueno, tristemente para los que piensan que la escuela nos transforma en "algo" en la vida tengo que decir que no.

Ya somos algo y alguien mucho antes de la escuela.
Me atrevo a hacer esta reflexión por que creo que debemos cambiar la percepción de la escuela para que la misma cambie.
Esta por demás tratado el tema de que en el siglo XXI a una distancia de 200 años de la creación de la escuela publica, aquella de mediados del siglo XIX que se creo con fines y objetivos claros (obviamente óptimos para aquella época donde lo mas importante era transformarse en un ser aceptado socialmente) Lo mas importante eran enseñar las partes del saber elaborado necesarios para la unidad nacional, la participación ciudadana.
Con la elaboración de la ley 1420 de la enseñanza común, se estableció la enseñanza primaria, obligatoria, gratuita, laica y gradual consagrando como primordial, el carácter ASISTENCIAL.
No es mi intención cuestionar los motores que pusieron en marcha la creación de nuestra escuela, la cual alfabetizó por años a nuestros bisabuelos, abuelos, padres, a nosotros mismos, y paradojicamente a nuestros hijos.
Es valido el acto redentor de permitir a todos educarse, pero... ¿no es mucho casi 200 años para seguir haciéndolo de la misma manera?
Nadie (creo, por lo menos yo no lo hago) cuestiona el hecho de que todos tenemos que acceder a la escuela, pero si se cuestiona que no debe ser de cualquier manera.
Tampoco se cuestiona si las metodologías, objetivos, procedimientos, contenidos, en aquellos años eran los mejores que se encontraron para poner en marcha esta fabulosa empresa de "educar" a todos.
Lo que si se pone en tela de juicio, y ya el tema esta trillado en sobremanera, es si esa misma forma que todavía esta vigente, (con algunos cambios, si es verdad, parches que hacen mas de lo mismo un poco diferente) sirve para para la sociedad y los individuos de hoy.
Por lo que mi propuesta es polémica pero según mi ver, factible. La escuela debe cambiar, debe convertirse en un espacio, no de educación meramente, no con el objetivo de ser "alguien" en la vida, ni llegar a ser "algo", Ya somos algo, somos seres vivos, somos humanos somos personas, y también alguien, cada uno tiene una identidad irrepetible, una esencia única.
Por lo tanto la escuela debe ser un lugar de encuentro con uno mismo y con el otro, de enriquecimiento y de autodescubrimiento de las propias capacidades, y acá es inevitable, hablar de la interacción de los "diferentes".
Los diferentes somos TODOS, no se integra a ninguna persona, la escuela no integra, ( no se asusten) digo que no integra a nadie como un hecho especial, por que en realidad, la escuela integra a todos al a la vez, todos somos especiales, todos somos diferente, todos tenemos capacidades y discapacidades, todos somos algo y alguien capaz de enriquecer al otro y de ser enriquecido.



¿Es posible lograr esto en la escuela?, NO, tristemente en la escuela que tenemos hoy, es imposible, tenemos que girar los engranajes, desestructurar nuestra mente, (si es difícil, son 200 años), la escuela tiene que cambiar de cuajo, desde el concepto de educación, los objetivos, los propósitos, no alcanza con transformarse o autocaratularse un "docente constructivista", si el foco sigue puesto en el docente, ¿quien es el docente para determinar si las creaciones mentales o la manera del alumno de ver la realidad es factible o no?.
Me encanta citar la paradoja de que algunos de los hombres que lograron los mayores avances en la ciencia y en el conocimiento fueron renegados o excluidos del sistema, estaban avanzados años luz.
Mendel, el padre de la herencia, fue catalogado por sus maestros como retardado. Einstein, estaba loco, sacaba de las casillas a sus profesores universitarios. Galileo era satánico, según la mirada de su época.

Evidentemente hacen falta cambios significativos no tanto en el "que" sino en el "como".
La pregunta es ¿como se hace? ¿por donde se empieza?

5 comentarios:

  1. Bueno Andrea, me alegro de que hayas llegado al final de la carrera con estas inquietudes (y otras, seguramente), porque eso quiere decir que no transitaste por el Terciario pasivamente sino que pudiste formar pensamiento crítico con respecto al rol que vas a cumplir como docente; y al de la escuela, en general. Si algo no te conforma tenés dos opciones: aceptar las cosas como vienen y hundirte en la queja, la rutina y el deisconformismo o... ¡hacer algo para cambiarlo! La fórmula de cómo hacerlo... no, no hay recetas. Vos podés leer mucho al respecto, seguir formándote y perfeccionándote. Pero tu propia experiencia cotidiana en el "campo de batalla" te va a ir dando la pauta de qué podés hacer, qué pequeños pasos podés ir dando día a día para hacer la diferencia. Tenés que poner en juego todas las herramientas que recibiste durante tu formación inicial pero te cuento que esas herramientas no sirven de mucho si no las mezclás, bien mezcladas, con una buena dosis de... ¡imaginación y creatividad!
    No te angusties; no mires a esta situación como una muralla infranqueable. La historia del hombre está plagada de marchas y contramarchas en todos los ámbitos en que se desenvolvió. Sin ir más lejos, la ciencia que vos vas a enseñar, se construyó sobre paradigmas que fueron cambiando a medida que aparecieron nuevas evidencias; entra en crisis cada tanto y modifica el rumbo de las nuevas investigaciones. Pero ese paradigma, ahora en desuso, no es peor que el nuevo, solamente es diferente y más ajustado a las nuevas condiciones. En un momento dado fue el más adecuado bajo determinadas circunstancias históricas y con el conocimiento que se tenía hasta entonces. Estuvo tan arraigado por tanto tiempo y costó tanto establecerlo que el cambio hacia un nuevo paradigma es conflictivo; la resistencia es mucha. Y la educación no está al margen de esta dinámica. Los modelos van cambiando a medida que cambian los diferentes aspectos en los que se desarrolla una sociedad. Los modelos educativos se establecen de acuerdo a muchas variables que se comportan, en cierto modo, aleatoriamente (si se las estudia a largo plazo). En cada momento histórico, se hacen propuestas que responden a características socioculturales particulares; se establecen, se consolidan por tiempos a veces prolongados... y cuando esto pasa, la resistencia al cambio también es mucha. El modelo no es el malo de la película ni el culpable de todo; lo único que pasa es que está perimido: ya no se ajusta a la realidad, no aporta soluciones para vivir HOY. Por eso lo fundamental es que haya personas que vean estas cosas pero que sobre todo, hagan algo para cambiarlas. Y si vos sos una de estas personas, ya es un paso importante. Y sí, habrá que insistir... es como les decía el otro día en clases ¿cómo podemos pretender que nuestros alumnos hagan algo con respecto al ambiente si nosotros mismos no hacemos nada en nuestras vidas cotidianas? ¿por qué los culpamos de ser unos irresponsables con la naturaleza si nosotros somos iguales? ¿por qué esperamos que al cambio lo hagan "los otros" o venga desde los gobernantes? Cambiar conductas, costumbres y formas de enseñar (que lamentablemente a veces son costumbres), es muy difícil, porque las aprendimos desde chicos cuando nos las impusieron como pautas culturales de la sociedad en la que vivímos o porque las observamos en otras personas. Esas conductas, costumbres y modelos son el ábito en el que nos criamos y el lugar en que nos sentimos cómodos y seguros. Cambiar, demanda ser críticos, tener valor y perseverancia, y mantenerse fiel a las propias convicciones. O sea, hay que hacer un gran esfuerzo... pero sí es posible el cambio. Así que te aliento a que, cuando hayas masticado bien este asunto, dejes de lado la sensación de impotencia para quedarte con la inquietud y las ganas de trabajar de manera diferente. Creo que podés hacer la diferencia!!!

    Verónica Briguera

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  2. Hola, Andy

    Me gustó muy mucho, en serio, ya que creo que pone "los acentos" en temas muy importantes que es necesario revisar a fondo en nuestro sistema educativo, y suscribo lo que decís al final: que no es tanto cuestión de los !qué" sino de los "cómo", y con respecto al "por dónde / cómo empezar", ya has empezado, e alguna manera y me anoto para acompañarte y seguir con un fructífero intercambio.

    Me gustó tanto, además, que te pido permiso para publicarlo en "mi"! blog, con referencia, lógicamente, al tuyo, y a vos como autora... a propósito, como no pude copiar el texto (por lo que te dije de "mi" Internet), te ruego que si estás de acuerdo, me lo envíes como adjunto y, además, una breve síntesis de tu curriculum, de hasta 10 renglones, para presentarte formalmente... todo eso si "me das el sí" para publicarlo.

    ¡¡¡La verdad es que es una alegría y un renovado impulso el leerte!!!

    Cariños

    Miguel

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  3. Hola Andrea. Con lo poquito que te conozco, no me sorprendí con el contenido del artículo, y me encanta la idea de cambio que lleva como escencia. Después de ver lo que te escribió la profe Briguera, que me parece super interesante y lo tomo para mí también, me queda por contarte uno de los motivos por los cuales yo veo con optimismo nuestra futura tarea: es la autonomía con la que nos vamos a mover como docentes dentro del aula, las posibilidades de transmitir, más allá de contenidos, toda nuestra carga de valores , y todo aquelo que creamos que le pueda ser útil a los chicos. Cada uno sabrá qué y cómo, pero creo que la posibilidad del aula es infinita, ojalá sepamos aprovecharla.
    Como compañero tuyo este año, reconozco en tu reflexión las experiencias de muchas materia cursadas, de muchas decepciones y alguna que otra bronca. Te entiendo y comparto mucho de lo que sentís, y creo también que es muy positivo que lo expresemos de manera diferente.
    Valoro inmensamente tus ganas de cambiar las cosas. Ojalá todos los futuros docentes tuvieramos ese impulso, es imprescindible para intentar que mañana sea mejor que hoy.
    Con mucho amor y mucha paciencia trataremos de aportar nuestro granito de arena cuando nos toque.
    Un abrazo grande. Diego

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  4. Soy Diego de nuevo. Te copio un cuento que me gusta y me parece adecuado al tema:

    EL RELÁMPAGO
    Italo Calvino en el libro “La Gran Bonanza de las Antillas”

    Me ocurrió una vez, en un cruce, en medio de la multitud, de su ir y venir.
    Me detuve, parpadeé: no entendía nada. Nada de nada; no entendía las razones de las cosas, de los hombres, todo era insensato, absurdo. Y me eché a reír.
    Lo extraño para mí era que nunca antes lo hubiese advertido. Y que hasta ese momento lo hubiese aceptado todo: semáforos, vehículos, uniformes, monumentos, aquellas cosas tan separadas del sentido del mundo, como si hubiera una necesidad, una consecuencia que las uniese una a otra.
    Entonces la risa se me murió en la garganta, enrojecí de vergüenza. Gesticulé para llamar la atención de los transeúntes y “¡Deteneos un momento!”, grité. “¡Hay algo que no funciona! ¡Todo está equivocado! ¡Hacemos cosas absurdas! ¡Este no puede ser el camino justo! ¿Dónde iremos aparar?”
    La gente se detuvo a mi alrededor, me observaba, curiosa. Yo estaba allí en medio, gesticulaba, me volvía loco por explicarme, por hacerles partícipes del relámpago que me había iluminado de golpe: y me quedaba callado. Callado, porque en el momento en que alcé los brazos y abrí la boca, fue como si me tragara la gran revelación y las palabras me hubiesen salido así, en un arranque.
    -¿Y qué? – preguntó la gente-. ¿Qué quiere decir?. Todo está en su sitio. Todo marcha como debe marchar. Cada cosa es consecuencia de otra. ¡Cada cosa está ordenada con las demás! ¡Nosotros no vemos nada de absurdo ni de injustificado!
    Yo me quedé allí, perdido, porque ante mi vista todo había vuelto a su lugar y todo me parecía natural, semáforos, monumentos, uniformes, rascacielos, rieles, mendigos, cortejos; y sin embrago aquello no me daba tranquilidad sino tormento.
    -Disculpad –respondí-. Tal vez me haya equivocado. Me pareció. Pero todo está en orden. Disculpad –y me abrí paso entre miradas ásperas.
    Sin embargo, todavía hoy, cada vez que no entiendo algo (a menudo), instintivamente me asalta la esperanza de que esta vez sea la buena, y que yo vuelva a no entender nada, a adueñarme de aquella sabiduría diferente, en un instante encontrada y perdida.

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  5. Este artículo tambien se publicó en otro blog, que trata el tema tan complejo de la educación.
    el vínculo es: http://miguelricci2008.blogspot.com/2011/10/para-que-vamos-la-escuela-andrea-azcuy.html

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